—¿Y qué tal? —le pregunto con una sonrisa y él se muerde ligeramente el labio.
—Pues ya no quiero comer comida china —dice sin pensarlo y niega, haciéndome reír—, perdón, si es curioso, llama la atención de los clientes.
—Vale, y como aquí no hay ningún cliente, no tengo porque llamar la atención, entonces me cambio, pide la comida —le guiño el ojo y él asiente.
Cierro la puerta y me cambió, fue mala idea hacer eso, pero tengo mis razones, también tengo ganas de tener sexo, pero mis emociones i