—Eduardo, detén el auto —pide y este hace caso, a pesar de que somos un obstáculo para otros autos—, vio eso, todos hacen lo que yo diga sin chistar, ¿Acaso usted lo ha hecho? No, le di espacio, demasiado para mi gusto, lo único que quiero es una oportunidad, porque sé que, si me lo da, se casará conmigo. Contralaré a cualquiera que esté a su alrededor para que pueda tener tiempo para mí, eso es todo, pero no la obligaré a amarme.
—Pues... —me lo pienso muy bien— usted está muy seguro.
—Siento