—No, tu cuerpo también me lo hizo saber, estabas exaltada y tus piernas temblaban, ahí no negabas nada, y ahora sí. Te enojabas cuando había interrupciones y lamento haber puesto el negocio como prioridad, pero a ti te encantaba estar conmigo.
—¡Pues me arrepiento! —alzo un poco la voz y abro mis ojos.
Moretti estaba impresionado, corre la silla y se levanta, joder, lo he hecho enojar, se acerca a mí y miro a otro lado, con miedo y mostrando respeto creo. Escucho que corre otra silla y lo sient