—No mentí, solo me adelanto a los hechos, usted va a ser mía, que no lo veas ahora, es porque estás ciega, tal vez sea buena enfermera, pero no tiene una buena vista como yo —me guiña el ojo y se levanta—, hablaré con tu jefe.
El señor Moretti se va con una sonrisa victoriosa en sus labios y lo observo, hasta su forma de caminar, a pesar de las heridas, tiene un porte fuerte y elegante, como si no hubiese ocurrido nada en él.
Reacciono ante el llamado de una enfermera y me dice que el doctor Sa