El vestido negro se ajustaba a mi cuerpo como una segunda piel. Adrián lo había elegido personalmente: seda italiana, corte impecable, escote discreto pero sugerente. "Esta noche quiero que todos te vean", me había dicho mientras sus dedos recorrían la curva de mi espalda. "Quiero que sepan exactamente lo que protejo."
El Bentley avanzaba por las calles de la ciudad como un depredador silencioso. Adrián, a mi lado, revisaba mensajes en su teléfono con expresión impenetrable. Su perfil, recortad