POV SOPHÍA
La hora al fin había llegado, y ya no sabía si caminaba impulsada por la adrenalina en mi cuerpo o por el peso de todo lo que estaba a punto de suceder.
Sí, tenía miedo. Mucho miedo. Salir de la mansión fue otra tortura, pero, para mi buena suerte, Dante estaba demasiado concentrado en una conversación con esa odiosa de Miranda, así que pude escabullirme.
Las indicaciones eran claras: parte trasera, habría un coche esperando. Y así fue. Un carro negro, con los vidrios completamente p