Mundo de ficçãoIniciar sessãoOriana dormía profundamente, ajena a todo.
Treinta y dos horas sin cerrar los ojos, una cirugía tras otra, sangre, gritos de pacientes, pitidos de monitores, el olor a antiséptico quemándole la nariz… y luego él. El hombre que se desangraba en el estacionamiento, la bala extraña, la herida que se cerraba sola, el símbolo que ahora le ardía en el pecho como una marca de hierro.







