El silencio se quebró con un chasquido seco: la llave de la ducha cerrándose de golpe. El goteo residual golpeaba las baldosas como un eco extraño. Elena, todavía en la puerta del baño, contuvo el aliento cuando la figura de Darian emergió entre el vapor. Solo una toalla blanca, ajustada a su cintura, ocultaba lo esencial. El resto de su cuerpo se exhibía desnudo, húmedo y brillante, con las gotas resbalando por la piel marcada de cicatrices.
Él caminó hacia ella con calma depredadora, cada pas