El restaurante tenía las mesas dispuestas para una cena romántica a la luz de las velas. El murmullo de las conversaciones ajenas, el tintineo de las copas de cristal y la melodía suave del piano de fondo creaban una atmósfera de intimidad perfecta para cualquier pareja. Sin embargo, la mesa número doce permanecía en un silencio sepulcral, rota únicamente por la impaciencia de Roberto, quien observaba fijamente la silla vacía frente a él. El plato de entrada, un carpaccio de lomo finamente deco