El aire afuera del centro de convenciones era frío, pero la tensión que se respiraba en las escalinatas ardía. Doña Elena caminaba a paso apresurado cuando se topó de frente con Rebeca y Mauricio.
La matriarca se detuvo en seco. Miró a Rebeca de arriba abajo con un desprecio mal disimulado.
—Muy astuta tu jugada con esa famosa firma externa —soltó Doña Elena, apretando el bolso de diseñador entre sus manos—. Pero no cantes victoria, mijita. Te voy a sacar de esa empresa antes de que cante un ga