El bar del hotel de lujo frente a la corporación estaba sumido en una penumbra elegante, rota solo por las luces tenues que iluminaban las botellas de cristal detrás de la barra. En una mesa arrinconada, protegida por la discreción de unos paneles de madera oscura, Juliana esperaba moviendo nerviosamente el hielo de su copa de ginebra. El resentimiento por haber sido relegada por Armando esa misma mañana le quemaba las entrañas.
A las ocho en punto, el misterioso empresario de la firma de softw