El temblor en las manos de Rebeca era incontrolable mientras intentaba encender el motor del carro. Apoyó la frente sobre el volante unos segundos, sintiendo cómo el corazón le latía con fuerza en la garganta tras el tenso cruce con Beto y Vanessa en la joyería. Con el pulso alterado y los nervios a flor de piel, buscó a tientas su teléfono en la cartera y marcó el número de Armando.
Al otro lado de la línea, la llamada entró en altavoz. Armando se encontraba en la sala de conferencias de FV's