Elise
Estaba lejos de sentir terror. Ese sentimiento era muy pequeño en comparación con la agonía que me invadía y me dejaba inmóvil.
Sabía que no había escapatoria. La puerta detrás de mí se había cerrado con seguro, y la única forma de huir era lanzándome al vacío.
Pero ahora sí que tenía un motivo para vivir. Lanzarme no era opción.
—Así que estás vivo —susurré con lentitud, tratando de procesar que tenía frente a mí a mi mayor miedo—. No sé por qué no me sorprende. Era demasiado bueno para