Elise
Annie retiró mi maquillaje y mis accesorios en tiempo récord. Insistió en que acatara cada indicación de la esposa del embajador, pero no logró convencerme.
—Puede que no vayas como planeabas, pero estás preciosa —me sonrió Alessio al salir del camerino—. No sabes lo que me provocas, mi amor.
—Bésame —susurré.
—¿Estás segura? —preguntó, indeciso—. Me encanta la idea, pero…
—Necesito tus buenas energías —repliqué con una sonrisa.
—Te daré todas las que tenga —respondió, inclinándose para r