Elise
Tener la suerte de que una extranjera se apiadara de mí y me guiara hasta la estación de policía más cercana, me pareció un milagro del cielo. Sin embargo, eso se convirtió en una maldición cuando, por estar tan asustada, le di al policía el nombre del hotel y de la persona que había pedido la habitación. Como si no fuera suficiente, ese policía resultó ser amigo de Alessio.
—Solo quería que me llevaran al hotel —le dije cuando volvió.
Aquel japonés esbozó una sonrisa afable, que me hab