Andrei
Años antes
Sonia apagó las velas de su pastel de cumpleaños, cuyo sabor era uno de esos exóticos que jamás entendería, mucho menos desde que había probado todos los postres que Elise sabía hacer… sobre su piel.
Había pasado casi un mes desde que Elise tuvo ese sangrado, pero aún no podía volver a tocarla. Por eso, había decidido tomar a Sonia esta noche. Necesitaba dejar de masturbarme y sentir una vagina de verdad, aunque fuera la de mi frígida novia.
Ella era lo más cercano a Elis