Elise
No podía dejar de temblar mientras el taxi se movía a toda velocidad por las calles de la ciudad, una que apenas había cambiado desde que Andrei me encerró en aquel monstruoso edificio. Tenía mucho miedo de que todo saliera mal y eso perjudicara a mi familia, pero ya era tarde para arrepentimientos.
—¿Cree que pueda alcanzarnos? —le pregunté al conductor, un conocido de Alessandro.
—No, no lo hará. Ni siquiera nos seguirá. Este taxi no tiene placas oficiales —me tranquilizó Stephen—. Aun a