C194: Entre mujeres nos entendemos mejor.
Jordan avanzó por el corredor como un vendaval, arrastrando su enojo como un manto pesado que le encorvaba los hombros. Cada paso era un latido más de la furia que le palpitaba en las sienes, cada respiro era un esfuerzo por no estallar. Le ardían los ojos, todavía empañados por las lágrimas que se negaban a secarse del todo. La escena que Reinhardt le había obligado a presenciar se repetía en su mente como un eco cruel: un cuerpo inerte, atado a una silla, deshecho en vida por una tortura prol