Reinhardt logró, con maniobras hábiles y rápidas, abrir un poco de distancia entre su vehículo y el que los perseguía, aumentando unos metros el espacio que los separaba, pero suficiente para ganar un respiro momentáneo.
—Jordan, ven aquí, toma el volante, cambiemos de lugar.
El miedo apretaba el pecho de Jordan, pero no dudó demasiado; la confianza en Reinhardt y la necesidad de sobrevivir la impulsaron a obedecer. Se movió hacia el asiento del conductor mientras Reinhardt se acomodaba en el l