Capítulo 30 — Perder el control

Capítulo 30 —Perder el control

Narrador

El colchón se hundió levemente cuando Herodes se metió en la cama. Bárbara intentó mantenerse inmóvil, seguir con la farsa de que se encontraba plácidamente dormida, pero apenas su cuerpo sintió el calor del suyo, su respiración se volvió errática.

Él estaba cerca, demasiado cerca. Su piel aún húmeda por la ducha, su perfume envolviéndola, el calor de su cuerpo... El corazón de Bárbara latía con fuerza, casi traicionándola, pero ella se mantuvo quieta.

Herodes, en cambio, no parecía tener intención de dejar las cosas ahí, dejarla dormir. Su mano se deslizó con lentitud por su brazo, acariciando su piel con movimientos ligeros, casi perezosos. Barbara sintió cómo su cuerpo respondía a su toque, cómo su piel se erizaba sin poder evitarlo. Su mano se deslizó hasta su cadera, presionándola con suavidad.

—¿Estás dormida en realidad? ¿O solo finges para evitarme?—murmuró contra su oído, su voz profunda y cargada de picardía.

Bárbara abrió los ojos len
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