El característico sonido de un chat activo atrajo la atención del rubio, se acercó a su computador y se sentó a esperar a la pelinegra… prestó atención al mensaje que Stefano le había mandado y dio un par de instrucciones más del encargo que había ordenado esa mañana; también le ordenó mandar a alguien a recoger su auto que se había quedado en la universidad y que se le llevara hasta ese edificio.
El rubio resopló cansadamente al apretar el puente de su nariz.
—¿Agotado? — preguntó Regina diver