La fría y analítica mirada negra de Fiama, se clavó en el horizonte al observar la tarde caer y ser opacada por esas nubes de tormenta y las gotas de agua resbalar tras el cristal de su ventana, no las notó al recordar la conversación con Giancarlo momentos antes.
—Así que por fin muestras tu carácter…— habló para ella misma, pero al referirse al pelinegro.
Giancarlo había estado en ese lugar sin que ella lo esperara y le había informado que el día de mañana tenían una cita con un ginecólogo de