Regina se estiró en las puntas de sus pies buscando bajar una pequeña maleta que siempre le había servido para transportar productos de aseo personal y maquillaje, Oreo, curioso como siempre saltó a unos de los compartimentos del closet y le molestó los ojos al rozar su larga cola en su cara.
—Oreo — regañó la chica al tomarlo en brazos.
El felino se restregó en su cuello y Regina sonrió.
—Es extraño que esté aquí, ¿verdad? — le dijo al rascar tras su oreja.
Aunque era viernes y debía estar tra