—¿Te gustó? — preguntó al ladear su rostro y verla, el rostro de la pelinegra era oscurecido por su sombra, pero pudo notar su sonrojo. Él sonrió por ello.
Regina se quedó sin habla ¿por qué preguntaba tal cosa?
—¿Debo entender eso como un sí? — le preguntó sobre sus labios.
—Eres…— mencionó indignada —eres un cretino, Giovanni –
Él sonrió y volvió a besarla mientras despacio salía de ella, un delgado hilo del blanquecino semen del rubio salió con él y ninguno se percató.
—Tal vez, pero vas a a