La vida de Celeste había regresado a la normalidad, aunque notaba constantemente la presencia de Erick Petrov. Sabía que estaba cerca, más no lo veía.
Sin embargo, el cosquilleo frío en la nuca no era algo que se estuviera inventando en su cabeza. Era real.
Y, para su sorpresa, le gustaba. Le gustaba saber que el peligroso agente, el hombre que la había llamado su "debilidad", estaba cerca.
Una tarde, mientras salía de su trabajo, su teléfono sonó. Era su madre.
—Sí, mamá. Todo bien —le respon