Rodrigo la tomó de la cintura con fuerza, como si aún temiera que ella se alejara. Pero no, no se iría a ninguna parte. Y se lo hizo saber respondiendo sin reservas a ese beso, hundiendo sus dedos en su nuca, acercándolo más, queriendo fundirse con él de una manera que no había anhelado antes.
—Dios, no sabes cuánto tiempo he querido esto —susurró ella entre besos, con la voz entrecortada. Había fantaseado demasiado tiempo con ese hombre. No supo con exactitud cuándo comenzó su deseo, si el día