En los días siguientes no pudo dejar de pensar en qué se refería con eso de no querer equivocarse… Esa noche, Rodrigo se había dado media vuelta y se había encerrado en su habitación, dejándola temblando, con miles de preguntas rondando por su cabeza.
Una noche, días después, salió de su recámara con un vaso de agua en la mano, y al pasar por la sala lo encontró allí, sentado en el sofá, sin encender la luz.
—¿No duermes? —preguntó, extrañada ante la escena. Sabía que era uno de esos hombre