Cuando Valeria cruzó las puertas de la clínica de rehabilitación, sintió una mezcla de alivio y miedo. Alivio de ver a su hermana bien. Miedo de lo que vendría ahora.
La recepcionista le sonrió y le indicó con un gesto dónde encontrarla. Caminó hasta el jardín interior, donde había bancos blancos rodeados de plantas, y allí la vio.
Su hermana mayor lucía un vestido de lino azul claro que dejaba ver una barriga redonda, de unos cinco meses aproximadamente. Tenía el cabello suelto, brillante, y l