—Señorita Muñoz —dijo el hombre, con voz pausada—, ¿sabe cuál es su mayor pecado?
«Y aquí empezamos», pensó la mujer con cierto fastidio.
—La desvergüenza —siguió diciendo con aquel tonito educado que comenzaba a crisparle los nervios—. No tiene reparo en meterse entre una mujer embarazada y su futuro esposo. Mire lo bajo que ha caído.
Valeria no respondió al instante. Apretó la servilleta con los dedos bajo la mesa, respiró profundo y le sostuvo la mirada.
—Enzo no va a casarse con su h