Rodrigo la alcanzó justo cuando Valeria se colocaba el abrigo y revisaba su bolso.
El día se había pasado en un santiamén y ya eran las dos de la tarde.
—¿Vas a salir? —preguntó el hombre, con esa mirada que parecía leer más allá de las palabras.
—Sí. Tengo algo personal que hacer —respondió ella sin detenerse demasiado. No quería que nadie supiera adónde iba. Mucho menos Enzo, a quien ni siquiera había visto en todo el día.
Rodrigo asintió en silencio. Luego sacó una carpeta y la puso sobr