La mirada que le dedicó Enzo a su madre, la hizo tragarse sus siguientes palabras, las cuales, sin lugar a dudas, serían peores que las ya pronunciadas.
Una empleada se acercó ansiosamente, como si presintiera lo que estaba a punto de suceder.
—Prepara una habitación grande y llévalas. Ocúpate de que coman algo —ordenó a la mujer, luego girándose les dijo a sus hijas—: Subiré con ustedes en un momento.
Las trillizas siguieron a la empleada un poco recelosas, mientras tanto, Enzo esperó a que