—Enzo, no puedes hacer esto… —Lo miró con gesto suplicante. Su voz era apenas un murmullo en ese lugar tan avivado.
—Ya estuvieron contigo muchos años. Es justo que estén conmigo ahora —respondió sin emoción.
—Por favor… no lo hagas —pidió de nuevo. Se sentía patética, pero no tenía otra opción.
—¿Qué estás dispuesta a darme a cambio? ¿Qué eres capaz de hacer para convencerme? —tanteó.
Ella lo miró fijamente a los ojos y entonces supo en qué estaba pensando. Se sintió triste y desolada, pero as