—¡¿Dónde están mis hijas?! ¡¿Dónde están?! —exigió saber, desesperada.
—El padre de las niñas. Él…
La maestra guardó silencio, sintiéndose abatida. Sabía que no podía entregar a las niñas a un extraño; sin embargo, no había tenido otra opción.
Ese hombre no había llegado solo. Tenía una orden redactada por un juez de custodia. Incluso, amenazó con demandar a la escuela si impedían que se las llevara.
—¿El padre de las niñas?
Valeria se limpió las lágrimas, comprendiendo entonces de qué iba t