Valeria acudió al llamado de su hija, sintiéndose aún molesta y agitada; sin embargo, lo disimuló. Puso una sonrisa y preguntó con dulzura:
—¿Qué pasa, cariño?
—Escuché un ruido —explicó Celeste, adormilada.
Rápidamente, supo que el escándalo que había provocado Enzo, había llegado a los oídos de sus pequeñas hijas. Afortunadamente, la única que pareció percatarse como tal fue Celeste.
—A mamá se le cayó una cuchara —trato de justificar los sonidos.
Su hija estaba más dormida que despierta,