Cuando Valeria finalmente logró liberarse, lo primero que hizo fue alzar la mano y darle una fuerte cachetada a Enzo.
El rostro del hombre se giró ligeramente ante el impacto, al tiempo en que una sonrisa apenas perceptible adornaba sus facciones. No parecía enfadado, parecía divertido con lo que acababa de hacerle.
—¡No vuelvas a ponerme tus sucias manos encima! —rugió furiosa.
Él la miró con intensidad antes de contestarle:
—¿Por qué? ¿Por qué no puedo besar a mi esposa?
Al escuchar la pa