A simple vista parecía que Enzo estaba ganando, de nuevo, como en el pasado.
Sin embargo, esta vez Valeria no estaba del todo desamparada.
A su mente acudió aquella conversación que había mantenido con el señor Ernesto:
“Hay algo que quiero dejarle a las niñas”, le había dicho él por correo electrónico cuando se había establecido finalmente en Australia.
“Claro, señor Ernesto. Lo que sea se los entregaré”, respondió a los pocos segundos. Siempre tenían una hora fija para tener este tipo de