—Mamá, quiero ir al baño, ¿me esperas un momento? —dijo el pequeño niño mirando hacia arriba a la hermosa mujer a su lado, con voz dulce e infantil.
—Ve, te espero en la salida —respondió la mujer con voz suave y una sonrisa que la hacía lucir especialmente bella.
—¡Ya sé! —el niño agitó la mano y se fue empujando su maleta hacia el baño.
—¡Samuel, dame la maleta! —lo llamó la mujer, pero él ya se había alejado corriendo.
La mujer sonrió mientras observaba su silueta alejarse. A sus tres años, e