Con estas palabras, Laura no solo dejaba ver su posición sino que le mandaba un mensaje claro a Miguel: si Jenny estaba interesada en él, ella no pensaba meterse en medio.
A Emiliano se le dibujó una sonrisa de satisfacción al escucharla.
Había estado preocupado pensando que su nieta solo se quedaría callada, ahogándose en su tristeza.
Pero ahora veía que se había angustiado por gusto.
Su pequeña Laura por fin había madurado, dejando atrás aquella ceguera del amor.
No podía estar más contento.
J