Anya se colocó el uniforme de criada con resignación, proveniente de una familia acomodada, jamás se había visto en la necesidad de aprender las labores domésticas, pues siempre tuvo empleadas que se encargaban de todo, Olga, la joven criada que la recibió, en lugar de burlarse puso un gesto de disgusto al verla.
—Bueno, ahora que ya está vestida apropiadamente para su nuevo rol, tendrá que fregar los pisos —dijo con desprecio en su mirada.
Anya no replicó, simplemente tomó un balde y un trapea