En cuestión de minutos, el comportamiento de Anya cambió drásticamente. Empezó a reírse fuertemente mientras se tambaleaba al caminar y hacía comentarios inapropiados a los invitados. Su voz se elevaba por encima de la música y las conversaciones, atrayendo miradas curiosas y murmullos de desaprobación.
—Anya, querida, ¿No crees que has bebido suficiente por esta noche? —le preguntó una señora mayor con evidente disgusto.
Pero Anya sólo soltó una carcajada, agarrando otra copa de la bandeja de