Lilia.
—¡Oh! No sabe cuánto lo siento por no haberla visitado estos días —Samira casi se arrodilló.
Tuve que detenerla.
—Mujer, no tienes que pedir perdón —refuté, colocando una mano en su hombro—. Sé que has estado visitando a Deus con frecuencia. Justo voy para allá, ¿por qué no me acompañas?
—¿E-estás segura? —Bajó la mirada, con tristeza.
—Vamos —Tomé su mano para que me siguiera.
No había visitado mucho a Deus, quería ver cómo se encontraba, ya que Chris era el que me decía su estado