Capítulo 88: Extra

Lilia.

Estaba agotada, ya no podía más. Le canté una canción de cuna a Evelyn y después de media hora fue que se quedó dormida.

Salí de la habitación, le ordené a una sirvienta que la mantuviera vigilada, y caminé directo al comedor. Iba a llegar tarde al almuerzo.

Suspiré.

Cuando crucé una esquina, Samira iba en la misma dirección que yo y con su pequeña hija de cinco años al lado.

—¡Samira!

Se giró.

—Oh, Lilia. ¿Vas al comedor?

—¿Qué comes que adivinas? —bromeé, dándole un leve golpe en el ho
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