Chris.
Después de darle un vaso de agua a mi sobrina, regresamos al salón y nos topamos con sus padres. Habían llegado. Samira tenía una ecografía en sus manos.
Casi explotaba.
—¡Papá! ¡Mamá! —La pelinegra corrió hacia ellos.
Fue recibida con un abrazo.
—Chris, ¿cómo va la fiesta? Espero que no hayamos llegado tarde —habló Deus, tenía varias bolsas en las manos.
—¿Qué traes? —pregunté, curioso.
—Los regalos de tus queridos hijos —Rodó los ojos—. Me costó encontrar lo que querían, eh.
Rec