Chris.
—¡¿Por qué Lucían está llorando?! —exclamé, reprochando a la niñera que lo cargaba.
Estuve unos días lejos de la mansión y le pedí a una de las sirvientas que ayudara a Lilia con los niños. Ambos tenían un año y medio, se portaban terrible.
—¡L-la señorita Lilia ya no puede más! —se excusó—. Creo que se desmayó en el baño...
Me horroricé. Mi boca se abrió en una ligera "o" y caminé directo al baño de nuestra habitación. Estaba cerrado con llave, y del otro lado se escuchaban las carc