Lilia.
—Samira no ha venido por aquí, ¿verdad? —cuestionó Chris, entrando en mi habitación.
—Desde que Deus despertó, se la pasa cuidándolo con la excusa de que tiene que limpiar su habitación —respondí, cerrando el libro que estaba leyendo.
—Mmh, no voy a interponerme en su camino —resopló, sacando una caja de su bolsillo, envuelta en papel de regalo.
No podía ser un anillo porque era demasiado grande. Fruncí el ceño y me levanté para sentarme en la orilla de la cama, la curiosidad me gana