Julieta
—¿A qué te refieres, papá? —pregunté de nuevo.
Me había llevado a la oficina de Damián, así que supe que lo que me iban a contar era delicado. Ágata estaba asomada a la ventana; tarde o temprano iba a actuar, pero seguía siendo peligroso. La vez anterior habían dicho que no había podido con Petra, que era una hechicera formidable. El Duque nos miraba apoyado en el escritorio. Allí había besado y tocado a mi mate, y ahora ni siquiera sabía qué había sucedido con mi vida.
—¿Recuerdas la h