La noche había caído pesadamente sobre la ciudad cuando Massimiliano cruzó las puertas de su lujoso penthouse. Se quitó la corbata de seda de un tirón, arrojándola sobre un sillón de diseñador, y caminó directo hacia el minibar de cristal. Estaba exhausto. Las horas invertidas fingiendo interés en mantelerías francesas y menús de degustación junto a Alessandra lo habían drenado mental y emocionalmente. Sentía que vivía la vida de un extraño.
Se sirvió dos dedos de whisky puro, buscando desesper