En el interior del Gran Salón, el aire olía a perfume caro, champaña de reserva y una tensión eléctrica que se podía cortar con un hilo. El equipo creativo —Regina, Noah y Miranda— se encontraba cerca de una de las mesas de canapés, tratando de disimular que sus ojos no dejaban de escanear la entrada cada vez que las puertas se abrían.
—No puedo creer que estemos aquí —susurró Miranda, ajustándose el vestido con nerviosismo—. Siento que en cualquier momento alguien de seguridad nos va a pregunt