La noche avanzaba entre copas de cristal y sonrisas de cortesía, pero el aire en el Gran Salón se volvía cada vez más denso. Massimiliano no se había separado de Alisson ni un solo segundo; su mano en la base de su espalda era un recordatorio constante de que, en ese campo de batalla, ella no estaba sola. Sin embargo, la expectativa era casi insoportable. Los invitados fingían conversar, pero sus oídos estaban atentos a cualquier movimiento del anfitrión. Todos sabían que esta gala no era para