La cena de esa noche, tras la sorpresiva y cálida visita de Mariola, tuvo un aire completamente distinto. El silencio que se instaló en el comedor del penthouse ya no estaba cargado de tensión, sino de una extraña calma que ninguno de los dos había experimentado en mucho tiempo.
Massimiliano observó a Alisson desde el otro extremo de la mesa. La luz tenue resaltaba las suaves facciones de su rostro, y por primera vez en semanas, ella no parecía estar a la defensiva.
—¿De verdad todo está bien?